Archive for the 'globalización' Category

Venganza consumada.

¿Tendríamos que haber hecho lo mismo con la cúpula de ETA? ¿Cuál es la diferencia entre éstos y Al Qaeda? ¿Sus razones?¿A partir de qué número de víctimas mortales es lícito liquidar al terrorista?

Más allá de consideraciones éticas sobre la conveniencia de matar a Bin Laden, lo dudoso es su efectividad para acabar con el terrorismo islamista. Por un lado, nadie sabe la repercusión que tendrá entre sus prosélitos, fanáticos sin nombre ni cúpula que santificarán al mártir y podrán seguir instrucciones en internet de cómo cometer un atentado suicida.  Por otro, el país adalid de la libertad nunca podrá decir que ha predicado con el ejemplo.

Los que han utilizado el término “justicia” han sido los propios norteamericanos; no he oído a Obama hablar de venganza, ya que es una palabra muy fea que sólo usan los malos. Pero el hecho es que parecía necesario ajustar cuentas para agasajar a una furibunda población que celebraba con júbilo la muerte de alguien, y que seguro sabrán agradecer en las próximas elecciones. Por muy detestable que fuese su persona y lo que hizo, sorprende la aplicación de la Ley del Talión como método incuestionable en un estado que se jacta de democrático. Asusta el júbilo exagerado y  unánime de un país que renueva sus votos de rencor  con la complacencia de todos los gobiernos europeos, incluido el español, en el que se condena rotundamente el terrorismo de Estado, excepto en este caso concreto.

La política del miedo

La apocalipsis de San Juan, de Alberto Durero

La apocalipsis de San Juan, de Alberto Durero

Lo que más me escalda de las religiones, y sobre todo de la católica, es que a lo largo de la historia han utilizado el miedo y la amenaza para conseguir adeptos; el infierno convencía más que el cielo.  Esto funcionó en sociedades analfabetas con bajo nivel cultural, donde se anulaba al individuo como ser pensante y sólo existía como miembro de una masa aborregada (“El Señor es mi pastor; nada me falta…”). Con la llegada de la imprenta cambia el panorama, ya que cualquiera podía ejercitar la inteligencia y sacar sus propias conclusiones (Esto matará a aquello), extendiéndose el descrédito a tanta superstición.

Tras la imprenta surgieron otros medios de comunicación, cada cual más revolucionario. Pero los poderes descubrieron que Information is money, que decía el magnate Ted Turner, y pronto aprendieron a utilizarlos como generadores de opinión. Lo que en principio parecía una amenaza se convirtió en un eficaz instrumento de influencia sobre el nuevo rebaño.

Y cuando hablo de poderes me refiero a todos; económico, político, religioso, etc. En realidad se solapan de tal modo que se difuminan en uno solo. De hecho, el capitalismo se adoptó como dogma indiscutible hasta el día de hoy, a pesar de las innumerables sacudidas que ocasiona; es la nueva religión, la única y verdadera.

Todos estos poderes en connivencia y gloriosa armonía lanzan contínuos mensajes para conseguir la aprobación del pueblo (actor secundario de la democracia al que hacen creer protagonista) ante iniciativas espurias y reprobables. Y por supuesto, saben que la mejor manera de convencer es atemorizando. O sea, que hemos vuelto al principio.

Tras el 11-S, se han permitido todo tipo de atropellos a derechos fundamentales, esgrimiendo siempre la seguridad ante el temible terrorismo como disculpa. Pero en este caso, fueron los gobiernos los que utilizaron el terror en su beneficio. Y como les ha funcionado, siguen con la misma estrategia.

La última corre ha cargo del sector privado, pero a los efectos es lo mismo. La General Motors ha publicado un video-documental en el que augura una crisis económica de dimensiones colosales y apocalípticas si el gobierno estadounidense no sale al rescate del sector automovilístico. La consigna es: Si yo me hundo, os hundís todos. Lo más rastrero y vil es que incluso piden a la población que presionen con e-mails al gobierno para que tome las medidas oportunas al respecto. O sea, que pague la cuenta. Indignante.

Son las consecuencias del neoliberalismo; las manos privadas toman el poder absoluto y condicionan nuestras vidas. Privatizamos los beneficios y socializamos las pérdidas, como se suele decir ahora. Y si no, todos al tacho.

Sin duda, vivimos en el mejor mundo de los posibles. Y no lo digo yo ni mi homónimo Volteriano. Lo dice Bush en su epílogo.

A perro flaco…

Nos creemos el centro del Universo, la especie más importante del planeta, y hacemos con él lo que se nos antoja, convencidos de que nos pertenece. Pero en realidad, nosotros pertenecemos a la Tierra . Somos la Tierra. Y mientras no lo entendamos, estamos jodidos.

Si fuera creyente, diría que cosas como las catástrofes naturales o la galopante crisis financiera que nos viene encima son castigos divinos por tanta soberbia. Pero como no lo soy, lo más que puedo decir es que nos está de puta madre. Por gilipollas, descerebrados y avariciosos. Viva el capitalismo.
Me resulta sorprendente ver cómo mucha gente amasa dinero y pertenencias con la excusa de dejárselo como legado a sus hijos. En primer lugar, eso sólo genera parásitos, degenerando la especie. Y en segundo lugar, los billetes no se comen. Debería preocuparnos más dejarles el escenario adecuado para que las generaciones futuras puedan desarrollarse por sí mismas.
Simplemente, pienso que las cosas se acaban ajustando por si mismas, siguiendo la lógica de la conservación de la Energía; de donde no hay, no se puede sacar, aunque nos empeñemos en pensar que sí… Por lo tanto, la especie humana está abocada a la autoextinción, tarde o temprano.
p.d. En momentos como este, es cuando uno se alegra de no tener nada, porque así no tiene nada que perder.

La triple crisis; financiera, energética y alimentaria

Interesante artículo de Ignacio Ramonet en la edición en castellano del Le Monde Diplomatique, periódico que él mismo dirige.  Lo reproduzco íntegro, ya que creo que no tiene desperdicio. Cuando una pluma hábil como la suya confirma presentimientos y nos aclara lo que pensamos con las palabras adecuadas, produce una mezcla de satisfacción y frustración. Y con su testimonio, pues queda todo dicho.

No había ocurrido jamás. Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real.
Por mucho que las autoridades se esfuercen en minimizar la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud. Cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros. Lo peor nunca es seguro y la numerología no es una ciencia exacta, pero el año 2009 bien podría parecerse a aquel nefasto 1929…

Como era de temer, la crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de 1.700 millones de euros. Por ser su primer déficit desde su salida en Bolsa en 1994, esto ha causado el efecto de un terremoto en una América financiera ya violentamente traumatizada.
Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!).
La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido por todo el mundo. Su capacidad de transformarse y de extenderse mediante la proliferación de complejos mecanismos financieros hace que esta crisis se asemeje a una epidemia fulminante imposible de atajar.
Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales. A pesar de las inyecciones masivas de liquidez efectuadas por los grandes bancos centrales, nunca se había visto una sequía tan severa de dinero en los mercados. Y lo que más temen algunos ahora es una crisis sistémica, o sea que el conjunto del sistema económico mundial se colapse.
De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado. Europa (y en particular España) se halla en franca desaceleración, y Estados Unidos se encuentra al borde de la recesión.
Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas en España cayó el ¡29%! Cerca de dos millones de pisos y de chalets no encuentran comprador. El precio del suelo sigue desmoronándose. Y el alza de los intereses hipotecarios y los temores de recesión hunden el sector en una espiral infernal. Con feroces efectos en todos los frentes de la enorme industria de la construcción. Todas las empresas de estas ramas se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.
De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame “directiva retorno” (1). Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros…
En medio de esta situación de espanto se produce el tercer choque petrolero. Con un precio del barril en torno a los 140 dólares. Un aumento irracional (hace diez años, en 1998, el barril costaba menos de 10 dólares…) debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que apuestan por el alza continua de un carburante en vías de extinción. Los inversores huyen de la burbuja inmobiliaria y desplazan masas colosales de dinero porque apuestan ahora por un petróleo a 200 dólares el barril. Se está así produciendo una financiarización del petróleo.
Con las consecuencias que vemos: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados. En muchos países, mediante manifestaciones y enfrentamientos, estas profesiones reclaman a sus Gobiernos ayudas, subvenciones o reducciones de la fiscalidad.
Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma sobre la seguridad alimentaria fue incapaz de alcanzar un acuerdo para relanzar la producción alimentaria mundial. También aquí, los especuladores en fuga del desastre financiero tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas. De modo que hasta la agricultura se está financiarizando.
Éste es el saldo deplorable que deja un cuarto de siglo de neoliberalismo: tres venenosas crisis entrelazadas. Va siendo hora de que los ciudadanos digan: “¡Basta!”.

Notas:
(1) Sami Naïr, “Europa se blinda ante los inmigrantes”, El País, Madrid, 18 de junio de 2008.



   

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